El caso de las galletas
El caso de las galletas
Ellie siempre había sido curiosa, pero esta vez su curiosidad la había metido en problemas. Su madre acababa de hornear una tanda de galletas con chispas de chocolate, y el dulce y cálido aroma llenaba la casa. La regla era clara: no se podían comer galletas hasta después de la cena. Pero Ellie no pudo resistirse.
Entró de puntillas en la cocina, mirando por encima del hombro para asegurarse de que nadie la veía. El tarro de galletas estaba en la encimera, con la tapa ligeramente abierta, como invitándola a tomar solo una. Ellie metió la mano, agarró dos galletas y se las metió en la boca. Eran deliciosas: suaves, pegajosas y perfectamente dulces. No pudo evitar tomar dos más.
Justo cuando estaba a punto de escapar, la voz de su madre resonó. “¡Ellie Marie! ¿Qué crees que estás haciendo?”
Ellie se quedó paralizada, con migajas en los labios. “Yo… solo estaba—”
“Nada de galletas antes de la cena,” dijo su madre con firmeza, con las manos en las caderas. “Conoces las reglas. Ven aquí.”
Las mejillas de Ellie se sonrojaron mientras se acercaba lentamente. Su madre se sentó en una silla de la cocina y puso a Ellie sobre su regazo. “Esto es por tomar galletas a escondidas y romper las reglas,” dijo, dando unas palmadas firmes en las nalgas de Ellie.
Ellie se retorció, más por vergüenza que por dolor. “¡Lo siento, mamá!” exclamó con voz aguda.
Su madre la ayudó a levantarse y le dio un abrazo. “Sé que lo sientes, pequeña. Pero las reglas son las reglas. Ahora, ve a lavarte para la cena. Y si te portas bien, podrás comer una galleta de postre.”
Ellie asintió, todavía sintiendo un cosquilleo en las nalgas mientras corría al baño. En ese momento decidió que la próxima vez esperaría al postre, sin importar cuán tentador fuera el olor de las galletas.
Fin
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